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UN HOMENAJE A LA DEHESA EXTREMEÑA Y A UN MANJAR ÚNICO… EL SALÓN DEL JAMÓN IBÉRICO

 

 

 

 

Desde 1989, el Salón del Jamón Ibérico se ha consolidado como uno de los eventos gastronómicos más importantes de España. Celebrado en Jerez de los Caballeros, epicentro de la producción de cerdo ibérico gracias a su entorno privilegiado, este salón no solo rinde tributo al jamón, sino que también pone en valor la dehesa, ese ecosistema único que lo hace posible. Con más de tres décadas de historia, el evento se ha convertido en un referente para productores, profesionales y amantes de la gastronomía, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

 

El salón nació con un propósito claro: promocionar los productos del cerdo ibérico, especialmente su jamón, y abrir nuevos mercados. Hoy, más de un centenar de industriales participan en cada edición, junto a las Denominaciones de Origen Protegidas (DOP) de Huelva, Guijuelo y Dehesa de Extremadura. Este último sello, creado en 1990, ha sido clave para consolidar la reputación del jamón ibérico extremeño, reconocido por su calidad y sabor inigualables.

 

El programa del salón es tan diverso como atractivo. Incluye desde concursos de jamón ibérico, que premian la excelencia en la calidad, hasta competiciones de cortadores, donde la técnica y la precisión son protagonistas. Además, se organizan degustaciones populares, jornadas técnicas y visitas de profesionales del sector de la hostelería y la restauración. Todo ello convierte el evento en una cita imprescindible para quienes buscan profundizar en la cultura y la tradición del jamón ibérico.

 

Pero el Salón del Jamón Ibérico no es solo un escaparate gastronómico; también tiene un impacto económico y turístico significativo. Atrae a visitantes de toda España y del extranjero, lo que beneficia a productores locales y contribuye al desarrollo de la región. Además, el evento pone en valor la importancia de la dehesa, un ecosistema agroforestal único que combina la cría del cerdo ibérico con la conservación del medio ambiente.

 

La dehesa, con sus encinas y alcornoques, es el hábitat natural del cerdo ibérico. Durante la montanera, los cerdos se alimentan de bellotas, ricas en grasas saludables que aportan al jamón su sabor y textura característicos. Este sistema de cría en libertad no solo garantiza el bienestar animal, sino que también influye en la calidad final del producto. La infiltración de grasa, conocida como marmoleado, es resultado de una dieta natural y de la actividad física que los cerdos realizan en este entorno privilegiado.

 

En definitiva, el Salón del Jamón Ibérico de Jerez de los Caballeros es mucho más que un evento gastronómico. Es una celebración de la cultura, la tradición y el entorno natural que hacen posible uno de los productos más emblemáticos de nuestra gastronomía. Una cita que invita a descubrir, degustar y valorar el jamón ibérico en su contexto más auténtico: la dehesa extremeña.

 

Más información: https://jerezcaballeros.es/

RINCONES ESCONDIDOS DE FORMENTERA QUE NO TE DEJERÁN INDIFERENTE

 

 

Formentera esconde un tesoro de lugares únicos y mágicos que esperan ser descubiertos. Más allá de sus playas más icónicas, la isla invita a adentrarse en paisajes de tranquilidad, historia y naturaleza salvaje. Aquí te presentamos una selección de rincones que harán de tu visita una experiencia inolvidable.

 

Cueva de San Valero: Un Viaje al Corazón de la Tierra

 

La cueva está situada en la costa sur de Formentera, en la zona del Cap de Barberia, entre la Punta de s’Agulla y la Punta des Pujolet. Para llegar a ella podemos tomar la carretera del Cap de Barberia. La Cueva de San Valero es un secreto que aguarda a los más intrépidos. La entrada, disimulada en el paisaje, exige una pequeña escalada, pero lo que te espera dentro recompensa cada esfuerzo. Adéntrate con una linterna y descubre el espectáculo de estalactitas y estalagmitas que adornan este espacio natural. Aunque su tamaño es modesto, su atmósfera enigmática la convierte en una parada imprescindible para los aventureros.

Punta Pedrera: Arte de la Naturaleza y Vistas Inigualables

Punta Pedrera es un rincón costero que cautiva con sus impresionantes acantilados, no excesivamente altos, pero con el encanto de ofrecer accesos naturales que te permiten descender hasta el mar. Este lugar conserva una atmósfera tranquila y poco concurrida, ideal para quienes buscan escapar del bullicio y disfrutar de un baño relajante en aguas cristalinas, casi como si tuvieras el océano para ti solo.

Sus aguas son serenas y calmadas, tan apacibles que podrías pensar que estás nadando en una piscina natural. Pero si lo tuyo es la aventura, Punta Pedrera también tiene algo para ti: zonas perfectas para lanzarte desde las rocas al mar y sentir esa dosis de adrenalina que tanto te gusta.

Además, las formaciones rocosas de este lugar son simplemente fascinantes. Tanto en la parte superior de los acantilados como bajo el agua, descubrirás estructuras geológicas únicas y curiosas. En el mar, te sorprenderán las cuevas semisumergidas, un espectáculo natural que despierta la curiosidad y añade un toque mágico a este paraíso escondido. Punta Pedrera es, sin duda, un destino que combina tranquilidad, belleza y un toque de aventura.

Ses Platgetes: Donde la Paz Abraza el Mar

En la costa este, cerca de Es Caló, Ses Platgetes es un conjunto de playas pequeñas y escondidas, ideales para quienes buscan serenidad. Aquí, las aguas cristalinas y la arena blanca te invitan a un día de pura relajación. Rodeadas de dunas y vegetación, estas playas transmiten una sensación de aislamiento y calma, ideal para desconectar y disfrutar de la naturaleza en su estado más puro.

Torre de Sa Punta Prima: Guardianes del Pasado

En lo alto de la costa este de Formentera, la Torre de Sa Punta Prima se alza como un recordatorio de los días en que los piratas acechaban la isla. Construida en el siglo XVIII, combina historia y vistas impresionantes. Desde Es Pujols, un sencillo camino costero te conducirá a esta torre. Desde su plataforma superior, disfruta de una panorámica que abarca el azul infinito del Mediterráneo y la esencia de Formentera.

Cala en Baster: Serenidad entre rocas y mar.

Imagina un refugio tranquilo, lejos del bullicio, donde las aguas cristalinas acarician un fondo rocoso perfecto para el snorkel. Eso es Cala en Baster, un rincón apartado en la costa norte de Formentera. Ideal para quienes buscan desconectar y perderse en la belleza submarina.

Sigue la carretera de Sant Ferran a Es Caló y desvíate hacia la izquierda. El acceso no está señalizado, lo que añade un toque de aventura a tu llegada. Un pequeño aparcamiento te llevará a un sendero que desemboca en este enclave mágico.

Can Marroig: Naturaleza en su máxima expresión.

Situado en el Parque Natural de Ses Salines, Can Marroig es un paraíso para los amantes de los paisajes salvajes y la fauna local. Con rutas de senderismo que serpentean entre acantilados y miradores, este lugar es un festín para los sentidos. Explora los caminos que atraviesan la finca, observa aves en su hábitat natural y visita el centro de interpretación para conocer más sobre este ecosistema único.

Más allá de sus playas más famosas, Formentera guarda secretos que esperan ser revelados. Calas recónditas, cuevas fascinantes, torres centenarias y paisajes que quitan el aliento te esperan en esta isla que parece diseñada para la aventura y la contemplación.

 

Más información: www.formentera.es

LAS LAGUNAS DE LA CAMPIÑA, UN REFUGIO NATURAL EN EL CORAZÓN DE BAENA

Gracias al alto nivel de precipitaciones que se están registrando en los últimos días, es posible disfrutar de estas joyas vitales para la biodiversidad local.

 

 

Baena, situada donde la sierra Subbética se funde con la vasta campiña, alberga un tesoro natural único: las lagunas de la Campiña. Estas pequeñas joyas acuáticas, dispersas entre olivares y campos de cereal, son testigos silenciosos de un pasado en el que los humedales dominaban el paisaje. Hoy, aunque reducidas en extensión, conservan un valor ecológico incalculable y sirven de refugio para una rica biodiversidad, especialmente para las aves acuáticas.

 

Las lagunas de la Quinta, Rincón del Muerto, Casasola, Cortijo Viejo, De la Roa y Butaguillo son de origen endorreico, lo que significa que se alimentan principalmente de las lluvias. Aunque el avance de la agricultura intensiva ha alterado profundamente el entorno, reduciendo casi por completo la vegetación natural, estas lagunas han logrado sobrevivir a la desecación masiva de los años 60 y 70. Su existencia es un recordatorio de la importancia de conservar estos ecosistemas, frágiles pero vitales.

La laguna de la Quinta: un santuario para la malvasía cabeciblanca

Con algo más de 6 hectáreas, la laguna de la Quinta es una de las más destacadas. Sus aguas ligeramente salobres albergan un cinturón de vegetación compuesto por tarajes, carrizos y eneas, que sirven de hábitat para una gran variedad de aves acuáticas. Entre ellas, destaca la presencia de la malvasía cabeciblanca, una especie emblemática y en peligro de extinción que ha encontrado en esta laguna un lugar para reproducirse. Esta anátida, junto con otras especies como el flamenco común, la garza real y el calamón común, convierte a la Quinta en un punto de interés ornitológico de primer orden.

Rincón del Muerto y Casasola: la lucha por la supervivencia

La laguna del Rincón del Muerto, con sus 5 hectáreas y aguas muy salobres, es un ejemplo de cómo la actividad agrícola ha impactado en estos ecosistemas. Rodeada de olivares y sin vegetación perilagunar, sufre un alto grado de colmatación debido a la cercanía de los cultivos. A pesar de ello, es un lugar clave para el flamenco común y varias especies de limícolas, como la cigüeñuela y la avoceta.

Por su parte, la laguna de Casasola, reducida a una lámina de agua de apenas 2 hectáreas, solo aparece en años de lluvias abundantes. Aunque carece de vegetación perilagunar y está atravesada por un gasoducto, aún logra ser un refugio para especies como el ánade azulón y la focha común.

Cortijo Viejo y Butaguillo: pequeños oasis en la Campiña

Las lagunas del Cortijo Viejo, aunque separadas por apenas 200 metros, representan dos mundos distintos. La segunda de ellas, con 1,5 hectáreas, está rodeada de olivos y presenta manchas dispersas de carrizos que sirven de refugio a especies como la cerceta carretona y la garza real. Además, alberga una población significativa de galápago leproso, un reptil autóctono que encuentra aquí un hábitat ideal.

La laguna del Butaguillo, por su parte, es una pequeña charca de media hectárea rodeada de eucaliptos que impiden el crecimiento de la vegetación natural. A pesar de su reducido tamaño, es utilizada por especies como la polla de agua y el azulón.

La Roa: una laguna bajo presión

La laguna de La Roa, situada al norte de Baena, es otro ejemplo de cómo la presión agrícola ha afectado a estos ecosistemas. Sin vegetación perilagunar y rodeada de cultivos, aún logra atraer a especies como la cigüeñuela y el águila calzada. Su recuperación dependerá de la reducción de las presiones humanas y la restauración de su entorno natural.

Las lagunas de la Campiña de Baena son mucho más que simples extensiones de agua. Son refugios de vida, puntos de descanso para aves migratorias y lugares de reproducción para especies amenazadas. Su conservación no solo es crucial para la biodiversidad, sino también para mantener el equilibrio ecológico de la región. En un mundo donde los humedales desaparecen a un ritmo alarmante, estas lagunas nos recuerdan la importancia de proteger lo que aún queda. Baena, con su rico patrimonio natural, tiene la oportunidad de convertirse en un referente en la conservación de humedales. Las lagunas de la Campiña no son solo un legado del pasado, sino una esperanza para el futuro. Su protección es tarea de todos para asegurar que estas joyas naturales sigan brillando en el corazón de Córdoba.

Más información en:
https://baenaturismo.com/
www.baena.es

 

CEE, EL ÚLTIMO REDUCTO BALLENERO DE EUROPA

Caneliñas fue la última gran ballenera que cerró en Europa, y de la que actualmente todavía se conserva su edificación principal.

 

Enclavada en la abrupta Costa da Morte, en la parroquia de Ameixenda perteneciente al municipio de Cee, aún resisten las ruinas de la última factoría ballenera de Europa. La vieja ballenera de Caneliñas, que cerró definitivamente en 1985 debido a la moratoria mundial en la caza comercial de cetáceos, es un testimonio olvidado de una industria que marcó la historia económica y social de Galicia.

 

La Costa da Morte guarda pequeños secretos que sorprenden al visitante, no sólo por su exuberante naturaleza, sino también por rincones llenos de historia. El municipio de Cee alberga en Gures, parroquia de Ameixenda, una de sus parroquias, la factoría de más largo recorrido de Europa.

 

La vieja ballenera de Caneliñas comenzó siendo una fábrica de salazón, propiedad de Andrés Cerdeiras Pose, de la que actualmente se conservan sus paredes. Esta actividad derivó hacia la caza y despiece de cetáceos, muy relevante en Galicia. Entre 1924 y 1927, este enclave industrial fue adquirido por una empresa noruega fundando la primera factoría ballenera moderna de España.

 

Su emplazamiento estratégico favorecía el procesamiento de ballenas, pues se trataba de una ensenada protegida de los vientos, y con gran abundancia de cetáceos que eran cazados en las costas próximas por barcos especializados. Del tratamiento de estos animales, en los primeros tiempos, se obtenía aceite y otros derivados. Además, se aprovechaban las barbas de las ballenas para la confección de las armazones de los corsés de las mujeres.

 

Los métodos de caza intensiva utilizados por los noruegos mermaron rápidamente la población de cetáceos y obligo al cierre al poco tiempo.

 

En los años 30, una empresa española se hizo cargo de las instalaciones, aunque años más tarde volvió a manos de otra empresa noruega bajo el nombre de Industria Ballenera S.A. Esta mantuvo la actividad ampliando las instalaciones con nuevas naves y exportando su producto al mercado japonés permitiendo un mayor aprovechamiento del animal, a partir de 1970.

 

Tras una época de declive marcada por numerosas trabas, como el bloqueo internacional al régimen franquista, la falta de divisas o el Tratado de la Comisión Ballenera Internacional encaminaron el terrible final, que concluyó con el cierre definitivo en 1985 por la moratoria mundial en la caza comercial de ballenas.

 

En la actualidad se conserva buena parte de las instalaciones tanto de los primeros tiempos, como de otras épocas, como el muelle para atraque de las embarcaciones; un almacén para desechos transformados en harinas; la rampa de izado de ballenas, zona de despiece, algibes y depósito de aceite.

 

Las ruinas de Caneliñas constituyen el último gran vestigio de la industria ballenera en Europa, en el que se capturaron cerca de 12.000 cetáceos, cuyos productos fueron usados en diferentes sectores como alimentación, cosmética y la industria química.

 

Este reducto narra una historia de tradición y transformación industrial, pero también es un patrimonio olvidado que aún tiene mucho que contar.

 

 

 

 

Para más información:https://www.turismodecee.es/es/

¿EL MEJOR PLAN CON AMIGOS? UNA VISITA DE FÁBULA

Descubre Bodega El Fabulista en Laguardia, a 7 metros bajo tierra donde cuatro calados únicos albergan la elaboración, crianza y degustación de vinos e historias excepcionales.

 

 

Adentrarse en una bodega singular para conocer su historia y sus vinos es siempre un acierto, pero hacerlo además con una visita teatralizada de la mano de uno de los personajes más célebres de la villa de Laguardia, es garantía de éxito. Por eso, Bodega El Fabulista cuenta con Félix María Samaniego y su esposa como anfitriones. El propio fabulista sorprenderá a los visitantes con sus fábulas y sus menos conocidos cuentos eróticos, que dotarán a la experiencia de un carácter muy especial.

 

En pleno corazón de la villa medieval de Laguardia y bajo un magnífico palacio del siglo XVII, nos espera una bodega diferente. Cuatro calados soterrados en un gran estado de conservación; donde todavía se elabora el vino de manera tradicional y artesanal, con el método de maceración carbónica.

 

La visita consta de una breve reseña histórica y continúa con una explicación amena y gráfica de la elaboración del vino en nuestros lagos, pisando la uva como se hacía antaño, y se recorren los calados subterráneos para finalizar degustando los vinos elaborados en la propia bodega.

 

Pero la sorpresa llega en el momento menos esperado, cuando, de pronto, un curioso personaje irrumpe en mitad de la visita. Se trata, ni más ni menos que don Félix María Samaniego, el Fabulista. Este personaje, perfectamente caracterizado, como recién salido de una de sus fábulas, ilustrará a los asistentes con algunas de sus obras. Relatos de humor e historias eróticas que, contadas desde el respeto, arrancarán más de una sonrisa cómplice a los espectadores.

 

A lo mejor, también es posible aparezca Doña Manuela de Salcedo, esposa del fabulista. Toda una gran cronista de su época, y que muchos consideran que estaba adelantada a ella. Salcedo aportará su particular visión e inspiración y origen de los cuentos eróticos de su esposo.

 

Estas visitas teatralizadas se realizan todos los sábados del año por la tarde, en horario de 17:30 horas y de 19:00 horas. Además, con motivo de Semana Santa, también tendrán lugar el viernes 18 de abril a las 17:30 horas y a las 19:00 horas; y el sábado 19 de abril a las 17:00 horas, a las 17:30 horas y a las 19:00 horas.

 

También existe la posibilidad de organizar estas visitas para grupos, colectivos o empresas consultando disponibilidad previa. Ya sean grupos en general, congresos, convenciones, incentivos o cualquier otra actividad, se puede organizar no sólo una visita teatralizada, sino también una cena o almuerzo de picoteo basado en la gastronomía vasco-riojana, con productos locales y Km. 0.

 

Atrévete a vivir una visita de fábula en la que aprenderás todo lo que hay que saber sobre la elaboración del vino y divirtiéndote con las historias de una de las mentes más brillantes de la historia de Laguardia…

 

Más información: info@bodegaelfabulista.com o en el teléfono 945 62 11 92

DONDE LA SEMANA SANTA NO SE VIVE, SE SIENTE… ¡ARANDA DE DUERO, CRISOL DE EMOCIONES!

Momentos únicos como la Bajada del Ángel, el Descendimiento o la Procesión del Silencio, maridan a la perfección con una ciudad que tiene arte, cultura y gastronomía.

 

 

 

Como cada año, Aranda de Duero se prepara para su semana grande. La cotidianidad y la rutina del día a día que hay cada mañana en esta ciudad burgalesa deja paso al caer la tarde para el silencio, el recogimiento y la reflexión. Centenares de arandinos preparan sus túnicas y uniformes, para acompañar en un reverencial y respetuoso silencio a sus veneradas imágenes y pasos, cautivos por la emoción y el fervor. Saben que su Semana Santa es una ocasión única, y llevan todo el año esperando para vivirla y hacerles vivir a los visitantes unos días de intenso ir y venir por procesiones en los que no se oye más que el sonido de tambores y cornetas, junto con un mudo clamor de emoción…

 

Es sumamente difícil armar un relato que refleje toda la emoción, el sentir y la devoción que genera una semana al año en una localidad como Aranda de Duero. Una ciudad acostumbrada a celebrar con júbilo sus grandes fechas que, sin embargo, una vez al año vive con un curioso corsé emocional que aglutina sentimientos como la fe, el respeto, la reflexión y la devoción, y que se libera en un estallido de júbilo cada Domingo de Resurrección con la Bajada del Ángel…

Porque hay momentos en la Semana Santa de Aranda de Duero que la convierten en imprescindible para devotos o simples amantes de la cultura y las tradiciones. La Bajada del Ángel, orgullo de los arandinos, explica muy bien su fervor y amor por estas fechas. Toda la plaza a los pies de la monumental Iglesia de Santa María conteniendo el aliento mientras la Virgen, cubierta con un velo negro, espera en silencio, la llegada de un Ángel, encarnado por un niño o niña de apenas tres o cuatro años, que desciende desde siete metros de altura. Retira el velo, se encuentra con su hijo Resucitado, y la plaza estalla en júbilo y, por un momento, el tiempo parece detenerse.

El camino hasta aquí ha sido todo un carrusel de emociones. Con hitos como la procesión del Silencio, que cada Jueves Santo cruza el río Duero regalando al espectador una estampa de inusitada belleza. Hay un halo de leyenda sobre esta imagen, denominada el Santísimo Cristo del Milagro, que la convierte en un verdadero tesoro, ya que cuentan que, durante la ocupación francesa en la Guerra de la Independencia, un soldado francés osó alzar su mano para abofetear la imagen, con el infortunio (para él) de que su brazo fue inmovilizado en el acto por acción divina.

Si viajamos aún más atrás en el tiempo, al siglo XVII, hallamos una tradición que nos ha acompañado hasta nuestros días. ‘El Descendimiento’ convierte cada Viernes Santo en una bella obra inmaterial, en la que los cofrades desenclavan de la cruz a Cristo muerto, una imagen articulada que desde 1624 protagoniza uno de esos momentos que eriza la piel, da igual cuantas veces lo presencies.

Hay más momentos que vivir en Aranda de Duero durante estos días. La ciudad recibe al viajero con los brazos abiertos, deseosa de compartir su fiesta, su cultura, tradiciones e historia. Aunque, Aranda de Duero no sería la misma si no fuera un verdadero referente gastronómico. Asadores y restaurantes que se llenan de comensales ávidos de probar sus mejores creaciones gastronómicas. Son ya populares sus torrijas y su limonada, que, durante estas fechas, los establecimientos se afanan por ofrecer sus versiones en una ruta de la torrija y la limonada que va ya por su cuarta edición. La ‘limonada’, elaborada a base de vino de la D.O. Ribera del Duero y acompañada de una esponjosa torrija, son el broche perfecto a un menú en el que, por supuesto, debe tener su espacio el fabuloso lechazo asado de Aranda de Duero. Toda una delicia que atrapa al comensal desde que le sirven una bandeja de barro con un cuarto de la mejor carne de lechal de la comarca y queda prendado de su aroma, su hipnotizante tostado y su inconfundible sabor. Un regalo para los sentidos.

Aranda de Duero es mucho más que un destino gastronómico o histórico. Es un lugar donde la Semana Santa se vive con una intensidad que cambia a quienes la experimentan. Una fiesta que no se limita a lo religioso, sino que abraza la cultura y el arte, formando parte de su identidad y sabiendo transmitir su pasión con autenticidad.

 

 

Más información: www.asohar.es

www.lechazo.es

https://www.arandadeduero.es/