Entre las calles de Baena, el tiempo parece detenerse en el antiguo molino de Don José Alcalá Santaella, hoy reconvertido en el Museo del Olivar y el Aceite. Este espacio, que homenajea la tradición oleícola de la comarca, conserva entre sus muros el eco de los molineros que, siglo tras siglo, trabajaron al ritmo de la cosecha. Aquí, la historia no se contempla, se respira.
Con más de 800 m² repartidos en dos plantas, el museo ofrece un recorrido tan didáctico como evocador. La planta baja transporta al visitante al corazón del proceso tradicional: la maquinaria del siglo XIX, meticulosamente restaurada, despliega su grandeza con un empiedro de piedras troncocónicas, una termobatidora y una prensa hidráulica de la Fundición La Cordobesa. Junto a ellas, la bodega y una sala dedicada a la evolución del olivar en Baena completan un relato donde cada pieza tiene algo que contar.
Arriba, la narración se expande hacia los usos del aceite, desde su valor ancestral como fuente de energía hasta su papel en la gastronomía moderna. Una biblioteca especializada y un «oleotaller» invitan a profundizar en el conocimiento, mientras que una singular colección de tres mil etiquetas históricas rinde tributo al diseño y la identidad oleícola. Los aceites de la Denominación de Origen Baena son un diálogo directo con los aromas de la tierra.
Más que un museo, este molino es un puente entre el pasado y el futuro del olivar. Un lugar donde la cultura no se archiva, sino que se vive. Y donde Baena, fiel a su esencia, sigue escribiendo, gota a gota, la historia de su oro verde.
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